Informe · Violencia de género en entornos digitales
Lo digitaltambién esterritorio
Los entornos digitales no son un afuera de la vida material. Son territorios socio-técnicos donde se reproducen las violencias patriarcales y donde, al mismo tiempo, se teje organización, cuidado y soberanía tecnológica.
Cuando hablamos de entornos digitales, no nos referimos únicamente a un “espacio virtual” desprovisto de materialidad. Los entornos digitales son territorios socio-técnicos: espacios construidos por código, infraestructura física (servidores, cables, antenas), interfaces, algoritmos y, fundamentalmente, por las prácticas humanas que allí se desarrollan.
Estos entornos incluyen
Plataformas comerciales: redes sociales (Instagram, TikTok, X, Facebook), aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram), sitios de citas, foros.
Infraestructuras de comunicación: Internet, redes de datos, dispositivos móviles y computadoras.
Espacios de producción colectiva: wikis, repositorios de software libre, comunidades en línea, servidores autogestionados.
Características clave
No son neutrales: están diseñados por corporaciones con lógicas de acumulación de datos y vigilancia.
Son extensiones de lo real: lo que ocurre en ellos tiene consecuencias directas en la vida material (laboral, afectiva, física, emocional).
Son territorios disputados: allí se reproducen las violencias patriarcales, pero también se tejen redes de solidaridad, resistencia y organización colectiva.
Si los entornos digitales son territorios, necesitamos soberanía sobre ellos.
Para los feminismos, comprender que los entornos digitales son territorios implica asumir que necesitamos soberanía tecnológica, soberanía sobre nuestros datos y soberanía sobre nuestras narrativas.
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¿Cuándo aparecen las violencias en entornos digitales?
Las violencias en entornos digitales no aparecen “de la nada” ni son producto de la tecnología en sí misma. Aparecen cuando las estructuras de poder patriarcal, racista, clasista y cis-heteronormativa encuentran en las herramientas digitales un canal amplificado para ejercerse. Podemos identificar tres momentos clave.
a) En el acceso desigual
La violencia aparece desde el momento en que el acceso a la tecnología y a la conectividad es desigual. Mujeres, personas trans, travestis, campesinas, indígenas y periféricas enfrentan barreras estructurales para acceder a dispositivos, datos y conectividad de calidad. La brecha digital de género es una forma de violencia simbólica e institucional que limita derechos.
b) En el diseño y la arquitectura
Las plataformas están diseñadas con sesgos de género. Los algoritmos de moderación fallan sistemáticamente al proteger a mujeres y diversidades, mientras amplifican discursos de odio. La arquitectura misma de las redes sociales —basada en la exposición, la validación externa y la vigilancia constante— reproduce lógicas de control patriarcal sobre los cuerpos y las identidades.
c) En las prácticas sociales
Las violencias emergen cuando personas, grupos o redes utilizan las herramientas digitales para:
Controlar, vigilar o acosar.
Difundir contenido íntimo sin consentimiento.
Hostigar masivamente para silenciar voces disidentes.
Suplantar identidades y dañar reputaciones.
Extorsionar económica o sexualmente.
Estas violencias no son “virtuales”. Son violencias reales que ocurren en un territorio digital, con consecuencias físicas, psicológicas, económicas y políticas.
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¿Qué tipos de violencias existen hoy?
Desde la perspectiva de la Ley 27.774 y los desarrollos de organizaciones como TEDIC y Save the Children, identificamos al menos seis tipos de violencia de género en entornos digitales que las organizaciones comunitarias deben saber reconocer.
Violencia sexual digital
Difusión, distribución o amenaza de difusión de contenido íntimo (imágenes, videos, audios) sin consentimiento.
EjemplosPorno venganza, deepfakes, sextorsión.
Acecho digital (stalking)
Monitoreo constante y vigilancia ilegal mediante dispositivos de geolocalización o software espía.
EjemplosControl de ubicación, envío masivo de mensajes, instalación de stalkerware en celulares.
Hostigamiento y acoso masivo
Ataques coordinados, insultos misóginos, transodio y amenazas con el fin de silenciar.
EjemplosCancelación violenta, raids de odio, inundación de comentarios intimidatorios.
Suplantación de identidad
Creación de perfiles falsos utilizando la identidad de la víctima para dañar su reputación o ponerla en riesgo.
EjemplosPerfiles falsos en apps de citas, cuentas clonadas, usurpación de identidad laboral.
Violencia económica digital
Control de cuentas bancarias digitales, usurpación de claves y extorsión económica mediante amenazas.
EjemplosRobo de claves de billeteras virtuales, sextorsión con demanda de dinero, bloqueo de acceso a plataformas de trabajo.
Violencia simbólica digital
Reforzamiento de estereotipos de género, invisibilización de liderazgos de mujeres y diversidades, apropiación de narrativas.
EjemplosAlgoritmos que invisibilizan contenido de activistas, memes misóginos viralizados, apropiación de discursos feministas por parte de agresores.
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¿Qué son los derechos digitales?
Los derechos digitales son la extensión y adaptación de los derechos humanos al entorno digital. No se trata de “nuevos derechos”, sino de la garantía de que derechos fundamentales —como la privacidad, la libertad de expresión, la identidad, el acceso a la información, la participación política y la no discriminación— sean plenamente ejercidos en contextos mediados por tecnología.
¿Qué abarcan?
Privacidad y protección de datos: control sobre nuestra información personal, quién la recopila, cómo se usa y con qué fines.
Libertad de expresión en línea: poder expresarnos sin censura ni represalias, pero también sin que el discurso de odio nos silencie.
Acceso a Internet como derecho fundamental: sin acceso universal, gratuito y de calidad, los demás derechos digitales son letra muerta.
Identidad digital: derecho a construir, gestionar y defender nuestra identidad en entornos digitales.
No discriminación algorítmica: derecho a que los sistemas automatizados no reproduzcan sesgos racistas, clasistas, machistas o LGBTIQ+fóbicos.
Libertad de reunión y asociación en línea: poder organizarnos sin vigilancia ilegal ni persecución.
¿Son derechos individuales o colectivos?
Son ambos. Desde una perspectiva transfeminista, sostenemos que los derechos digitales son derechos colectivos porque:
La violencia digital es ejercida contra cuerpos feminizados y disidentes como grupo social, no solo como individuas aisladas.
La protección de nuestros datos no es solo un asunto personal: la vigilancia masiva afecta a comunidades enteras, especialmente a organizaciones políticas, sindicales y feministas.
La construcción de soberanía tecnológica requiere acciones colectivas: servidores comunitarios, software libre, redes de apoyo mutuo.
Negar la dimensión colectiva de los derechos digitales es individualizar un problema que es estructural. Por eso las organizaciones sociales tienen un rol central en su defensa.
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Identidades digitales
La identidad digital es el conjunto de datos, narrativas, imágenes, interacciones y rastros que construimos —y que otros construyen sobre nosotres— en entornos digitales. No es una “segunda identidad” separada de la identidad offline: es una dimensión más de nuestra identidad integral.
Desde una mirada transfeminista
La identidad digital es performática: nos constituimos en la interacción con plataformas, algoritmos y otras personas. No hay un “yo verdadero” offline y un “yo falso” online.
Es un territorio de disputa: nuestras identidades pueden ser afirmadas, celebradas y visibilizadas, pero también atacadas, suplantadas, ridiculizadas o censuradas.
Es atravesada por desigualdades estructurales: no todes podemos construir nuestra identidad digital con la misma libertad. Las personas trans, travestis, mujeres racializadas, cuerpos gordos y personas con discapacidad enfrentan barreras específicas: deadnaming, exposición forzada, censura algorítmica de sus cuerpos.
Las identidades digitales también son múltiples, situadas y en constante transformación. Reconocer esto nos permite pensar estrategias de autocuidado colectivo que no partan de la lógica de “proteger una identidad fija”, sino de habilitar tránsitos seguros.
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Cómo transitar nuestras identidades en redes y entornos digitales
Transitar nuestras identidades en entornos digitales implica desarrollar estrategias de soberanía, cuidado y resistencia. Algunas claves desde una perspectiva transfeminista.
a) Soberanía sobre la narrativa
Decidir qué, cuándo, cómo y ante quiénes mostramos partes de nuestra identidad.
No confundir exposición con militancia: la resistencia no implica necesariamente exponer nuestros cuerpos o nuestras vidas íntimas.
Construir narrativas propias que disputen los estereotipos que las plataformas y los discursos hegemónicos imponen.
b) Gestión de la privacidad como práctica colectiva
La privacidad no es “ocultarse”: es poder decidir quién tiene acceso a qué partes de nuestra vida.
En comunidad aprendemos a configurar nuestras redes, a protegernos mutuamente del acecho, a denunciar cuentas falsas y a no compartir información de compañeras sin su consentimiento.
c) Cuidado digital
No estamos obligadas a estar siempre disponibles, siempre visibles, siempre produciendo contenido.
El autocuidado digital es también pausar, desconectar, bloquear, silenciar, denunciar.
Construir redes de cuidado: si una compañera está siendo atacada, no dejarla sola; activar respuestas colectivas.
d) Transitar con libertad
Para personas trans y travestis, transitar identidades digitales implica poder cambiar nombres, géneros e imágenes sin burocracias ni exposiciones violentas.
Las plataformas no están diseñadas para la fluidez identitaria; por eso necesitamos tecnologías libres y comunitarias que nos permitan habitar los entornos digitales con autonomía.
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Estereotipos que refuerzan estructuras de poder
Los estereotipos son imágenes simplificadas y naturalizadas sobre lo que “deben ser” las personas según su género, raza, clase, sexualidad o capacidad. En entornos digitales no desaparecen: se reproducen, amplifican y se incorporan en los propios algoritmos.
¿Cómo operan?
Estereotipos de género: las plataformas recomiendan contenidos diferenciados por género desde edades tempranas. Las mujeres y personas feminizadas son empujadas hacia contenidos estéticos y de cuidado, mientras los varones hacia tecnología, deporte y poder.
Estereotipos sobre cuerpos: los algoritmos censuran cuerpos con vello, cuerpos gordos y pezones femeninos, mientras los mismos contenidos en cuerpos masculinizados no son sancionados.
Estereotipos sobre liderazgo: las voces de mujeres y diversidades son sistemáticamente invisibilizadas o atacadas cuando ocupan espacios de poder discursivo.
Estereotipos raciales y clasistas: la inteligencia artificial reproduce sesgos racistas en sistemas de reconocimiento facial, moderación de contenidos y publicidad segmentada.
Los estereotipos no son inocentes: sostienen el patriarcado, el capitalismo de vigilancia y el colonialismo tecnológico.
Reforzar estructuras de poder significa exactamente eso. Por eso, disputar los estereotipos en entornos digitales es una tarea política central.
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Repoblar los entornos digitales de diversidades, tecnologías libres y críticas
El último gesto político que proponemos es repoblar. Porque los entornos digitales han sido colonizados por lógicas extractivistas, patriarcales y corporativas.
a) Con diversidades
Visibilizar y celebrar identidades disidentes, cuerpos no normativos, experiencias periféricas.
Crear contenido, comunidades y redes que reflejen la pluralidad de la vida real.
Ocupar los algoritmos con nuestras narrativas, nuestras estéticas, nuestras formas de organizarnos.
b) Con tecnologías libres
Apostar por software de código abierto que nos permita auditar, modificar y adaptar las herramientas que usamos.
Promover servidores comunitarios, plataformas descentralizadas y aplicaciones feministas de cuidado y protección.
Formarnos en tecnologías críticas para dejar de ser usuarias pasivas y convertirnos en protagonistas de la construcción tecnológica.
c) Con mirada crítica
No naturalizar la tecnología como “neutral” ni como “progreso inevitable”.
Desarrollar pensamiento crítico colectivo sobre la inteligencia artificial, la vigilancia algorítmica y la economía de datos.
No vamos a pedir permiso para existir en los territorios digitales
Repoblar los entornos digitales es una acción de desobediencia epistémica y política. Vamos a construirlos con nuestras manos, nuestras herramientas, nuestras luchas y nuestras diversidades. Porque sin soberanía digital no hay soberanía corporal. Y sin cuerpos diversos libres, no hay futuro posible.